El copago podría hacer crecer la automedicación y terapias alternativas y frenar la medicina preventiva según expertos
Europa Press a viernes 30 de diciembre de 2005
La introducción del copago sanitario en el Sistema Nacional de Salud (SNS) tendría en general "escaso efecto" sobre la demanda de servicios sanitarios por parte de los ciudadanos porque los enfermos "no podrían prescindir de la asistencia", aunque sí podría suponer un freno para la medicina preventiva, lo que a largo plazo conllevaría mayores costes, además de fomentar la automedicación y el acceso a las terapias naturales.
Ésta es una de las conclusiones que se desprende del libro "Un nuevo contrato social para un sistema nacional de salud sostenible", editado por el sindicato CCOO, que advierte también de que una medida de este tipo "afectaría fundamentalmente a las personas con bajos ingresos para las cuales el pago de los servicios médicos supusiera una disminución porcentual apreciable de su renta", como es el caso de los jubilados que "no tienen más ingreso que una pensión de reducida cuantía".
En concreto, la aplicación del copago (que ya existe en la prestación farmacéutica) reduciría la demanda cuando "el perjuicio para la salud se considere por los ciudadanos (acertada o erróneamente) poco importante", lo que incluye las actuaciones de carácter preventivo.
En consecuencia, esto "puede implicar una reducción de gasto a corto plazo pero un importante crecimiento a largo plazo", ya que "la experiencia muestra que posibles ahorros a corto plazo que repercuten en deterioros de salud acaban resultando muy caros por el incremento de asistencias sanitarias derivadas de una baja prevención o deficientes cuidados".
Asimismo, los pacientes acudirían menos al sistema sanitario en el caso de supuestos en los que existen sustitutivos más baratos aceptables o así considerados por el asegurado, como las terapias alternativas la medicina natural o incluso los curanderos.
En cuanto a los medicamentos no ligados a enfermedades crónicas, los autores de este capítulo del libro Juan A. Gimeno y Pedro A. Tamayo entienden que "por una parte existe un posible efecto almacenamiento que podría verse reducido; pero por otra, el fenómeno de la automedicación podría ser menos sensible al precio que actuar como sustitutivo de otros servicios médicos que han incrementado su precio".
En consecuencia, según los autores, aunque las fórmulas de copago de los servicios médicos singulares pueden reducir algunas ineficiencias del sistema, una aplicación indiscriminada implicaría reducciones indeseables, bien porque los usuarios no valoraran adecuadamente los perjuicios para la salud o la idoneidad de los presuntos sustitutivos, bien porque afectara más a los servicios de las personas con bajos ingresos que los realmente innecesarios o más superfluos.
Por este motivo, a su juicio, cualquier fórmula de copago debe analizarse desde la perspectiva de su incidencia en función de la capacidad de pago de los sujetos y de los efectos redistributivos que conlleva.
Así, un sistema óptimo de copago implicaría arbitrar alguna fórmula progresiva que garantizara una escasa incidencia proporcional en el presupuesto de cada persona y la exclusión de aquellos servicios en los que la percepción del usuario infravalorara los beneficios derivados del servicio pudiendo pensarse también "en la penalización de aquellos comportamientos que pudieran contribuir al deterioro de la salud o a un mal uso de los propios servicios médicos".