El controlador del hambre y la sed se encuentra en el hipotálamo lateral, así cuando se produce una lesión en éste área, esta puede eliminar tanto la conducta de comer, como la de beber.
Una bajada del nivel de azúcar en sangre, incrementa la actividad de las neuronas en el hipotálamo que a su vez, activa la conducta del hambre y la sed.
Por otro lado, el control de la saciedad se encuentra en el hipotálamo, en la región ventromedial, que elimina el hambre cuando el organismo ha ingerido suficiente alimento como para normalizar el nivel de azúcar en sangre. Si existe alguna lesión en la región ventromedial, puede conducir a que el individuo
coma con gran voracidad y acabe obeso.
El comer y el beber están, de todas formas, influídos por un gran número de factores, como: las horas de comida habituales, las costumbres familiares, la disponibilidad de alimento y otros muchos factores aprendidos.
La cantidad de alimento que consumen cada día varía en la gente.
Algunas personas comen mucho más de lo que realmente su cuerpo necesita y se vuelven obesos, lo cual no es sano para la salud y puede conllevar problemas de desajustes personales y sociales.
Se han realizado estudios que demuestran que el hambre cuando no es satisfecho, llega a centrar los pensamientos, la fantasía y la conducta.