Consiste en la degeneración del núcleo pulposo del disco intervertebral, que pierde grosor y densidad.
La
espondilolistesis de grado III o IV puede llegar a producir compresión nerviosa. Por otra parte, la compresión puede aparecer después de la cirugía, cuando al operar se decide recolocar las vértebras -es decir, no sólo fijarlas sino realinearlas-. Por eso, hoy en día, cuando no hay más remedio que operar se tiende a ser lo menos agresivo posible.
La
artrosis vertebral se produce por el normal desgaste del disco intervertebral. En la juventud, es espeso y de consistencia gelatinosa. A medida que transcurren los años, pierde grosor y varía su consistencia. A partir de los 30 años es normal que la
radiología muestre signos iniciales de
artrosis vertebral a algún nivel de la columna. De hecho, los ancianos sanos suelen perder estatura porque al perder grosor sus discos, se aproximan las vértebras.
Si una persona, con sus hábitos, sobrepeso o esfuerzos, hace que un segmento de su columna soporte a menudo mucha carga, puede acelerar el desgaste del disco intervertebral correspondiente.
En contra de lo que se creía antiguamente, actualmente se sabe que no causa dolor.
Tal vez, la disminución de la capacidad de amortiguación podría facilitar el desencadenamiento del mecanismo neurológico que puede desencadenar el dolor, pero los estudios realizados demuestran que no existe ninguna correlación entre el grado de desgaste del disco intervertebral y la existencia o no de dolor.