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El cuidado de la piel motiva a las mujeres a dejar de fumar

Andrea Calvo a miércoles 15 de marzo de 2006

El cuidado de la piel motiva a las mujeres a dejar de fumar El tabaco no sólo perjudica nuestra salud sino que parece que también afecta a nuestro aspecto físico. La piel del rostro sufre especialmente con el consumo de tabaco, no sólo por estar expuesto directamente al humo, sino que además padece un empeoramiento en la microcirculación sanguínea y una pérdida elevada de elasticidad y luminosidad.

El humo del tabaco genera una gran cantidad de radicales libres, elementos químicos que dañan las membranas de las células, llegando a destruir y mutar su información genética, afectando también a las arteriolas de dermis y epidermis donde producen “disfunción endotelial” que compromete la irrigación y nutrición por la sangre. Esta situación condiciona el surgimiento de enfermedades, el envejecimiento prematuro de la piel y la destrucción de los tejidos cutáneos del rostro.

El tabaco lesiona la piel de todo el cuerpo, siendo esto más manifiesto en la cara, porque a esto se suman los efectos de los rayos ultravioletas del sol. Provoca deshidratación de la epidermis y destrucción de las fibras elásticas de la dermis lo que conlleva la aparición de arrugas y el envejecimiento cutáneo prematuros.

 Además, el cutis se vuelve grisáceo y apagado debido a la asfixia celular por la disminución de la circulación capilar. Y esto se empeora con los depósitos de nicotina y alquitranes en la superficie de la piel con poros dilatados. A todo esto se le suma la congestión de los senos nasales con rinitis  crónica que produce el humo, traen consigo la hinchazón de los párpados.

El envejecimiento prematuro en la piel acusa más a las mujeres, debido a las características de su piel, que suele ser más delicada que la de los hombres. Esta es la razón por la que son especialmente las mujeres las que, al abandonar el tabaco, empiezan a acudir a consultas para “empezar de cero” y renovar su apariencia.

La doctora Mar Mira confirma esta opinión y considera que es una motivación más para dejar de fumar; “cuando estas mujeres ven las mejoras que se producen con tratamientos muy sencillos, se comprometen con ellas mismas para abandonar por completo el tabaco y así mantener más fácilmente un aspecto joven y saludable”, comenta la doctora.

Las arrugas de los fumadores son diferentes de las que presentan los no fumadores, siendo las arrugas de la zona de los ojos de los fumadores más estrechas y profundas, con contornos bien marcados, mientras que las mismas arrugas en los no fumadores son bastante más abiertas y redondas.

El color de la piel de los fumadores no presenta el color rosado característico del cutis sano y ofrece más bien una palidez cercana al amarillo grisáceo, por lo cual es raro que los fumadores tengan las mejillas rosadas.

Por todo esto, tanto fumadoras como ex-fumadoras deben insistir en el cuidado de ciertas áreas faciales, tanto si quieren recuperarlas como si quieren intentar paliar el deterioro causado por el tabaco.

Las arrugas más comunes entre las fumadoras son las que se forman en el contorno de los labios, debido a la gesticulación, pero lo cierto es que todo el rostro sufre una pérdida de elasticidad que se traduce en líneas de expresión más acentuadas.
El contorno de los ojos, por ser una zona especialmente delicada, refleja excepcionalmente el efecto de las toxinas del tabaco. Además, se acentúan bolsas y ojeras debido al empeoramiento de la microcirculación de la zona.

Según la doctora Mira, “el tabaco disminuye los niveles de vitamina A y la acción de los fibroblastos, produce cambios en la cantidad y calidad del colágeno y la elastina pudiendo llegar a la atrofia dérmica. Así, la mujer fumadora tiene características cutáneas propias, como arrugas peribucales a temprana edad, aspecto demacrado, arrugas más profundas, piel de color cetrino, sucio, deslucido…”.

La relación del tabaco con las arrugas se manifiesta con claridad en sujetos de ambos sexos de más de 30 años y ya entre 40 y 49 años, tienen una probabilidad de arrugas idéntica a la de los no fumadores de 20 ó 30 años más.

Para cuidar y recuperar la piel maltratada por los efectos del tabaco existen tratamientos específicos, mínimamente invasivos y sencillos, para las distintas zonas perjudicadas que se recomienda consultar con un especialista.

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