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El recién nacido normal

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La primera exploración que se efectúa sobre el recién nacido se realiza en la sala de partos, y tiene como objetivo valorar el test de Apgar, descartar mal­formaciones congénitas que puedan comprometer la vida y descubrir las lesiones producidas por traumatismos ocurridos durante el parto. Posteriormente se realiza una exploración más detallada para una va­loración más completa.

Que es el Test de Apgar?  La valoración del test de Apgar al primer minuto de vida nos indica la necesidad de reanimación. Las puntuaciones obtenidas a los 5, 10, 15 y 20 minutos de vida nos indican la probabilidad de que esas medidas de reanimación tengan éxito. Este test sirve para valorar el riesgo de mortalidad perinatal ni la probabilidad de daño neurológico.

Datos antropométricos. Es necesario valorar en el recién nacido el peso, la talla y el perímetro cefálico. Los valores obtenidos deben ser compara­dos con las gráficas de percentiles, de manera, que se consideran den­tro de la normalidad aquellos valores situados entre el percentil 10 y el 90. Hablaremos entonces de peso adecuado, bajo o elevado para su edad gestacional.

Piel. La inspección de la piel nos puede dar una idea de la edad gestacional.

·          En el pretérmino la piel es delgada y suave y puede estar recubierta por un vello escaso y fino denominado lanugo, que desaparece en unas semanas.

·          En el recién nacido a término la piel tiene un mayor espesor y está cubierta por vérnix caseosa (especie de crema blancuzca, con misión pro­tectora).

·          En el caso de los postérmino la piel tiene un aspecto descamado y apergaminado. El color normal de la piel de un recién nacido es sonrosado, aunque pueden existir manifestaciones de inestabilidad vasomotora. La aparición de fenómenos como la cianosis, la ictericia precoz y la palidez suponen un signo de alarma que es necesario estudiar.

La presencia de determinadas "lesiones" como los quistes de mi­lium, el eritema tóxico (pápulas blancas sobre base sonrosada), la mancha mongólica o los nevus vasculares planos ("antojos") no tienen ninguna significación patológica.

La existencia de edemas periféricos en un RNPT es normal, pero si aparecen en un RNT se asocian a hydrops, síndrome de Turner, hijo de madre diabética, nefrosis congénita, insuficiencia cardíaca e hipopro­teinemia idiopática.

Cráneo. El cráneo puede aparecer moldeado debido al paso a través del canal del parto, recuperando su forma normal en una semana.

Es necesario valorar también la permeabilidad de las fontanelas y su tamaño, sobre todo en el caso de la fontanela anterior, ya que una fontanela grande puede asociarse a distintas patologías: hidrocefalia, hipotiroidismo, acondroplasia, síndrome rubeólico, raquitismo, etc.

Es frecuente, sobre todo en los pretérminos, palpar a nivel de los parietales una áreas de reblandecimiento óseo, que corresponden a la denominada craneotabes fisiológica; la presencia de craneotabes occi­pital es patológica y puede estar relacionada con cuadros similares a los que originan una fontanela anterior aumentada de tamaño.

Cara. debe valorarse la simetría facial para descartar cuadros como la parálisis facial.

La presencia de petequias o pequeñas hemorragias conjuntivales es normal, sobre todo en los partos vaginales. También hay que explo­rar los reflejos pupilares. La aparición de una leucocoria debe hacernos pensar en una catarata congénita, un retinoblastoma, una retinopatfa de la prematuridad o una coriorretinitis severa.

A nivel de la boca hay que comprobar la integridad del paladar. Po­demos encontrarnos con unos quistes puntiformes blanquecinos, por retención de moco, que corresponden a las perlas de Ebstein. Pueden existir algunos dientes, que no es necesario extraer.

Cuello. Es necesario descartar la presencia de masas cervicales, que pueden corresponder con quistes del conducto tirogloso (en la línea media), quistes branquiales, hemangiomas, hematomas del ECM, etc. La presencia de edema y membranas cervicales debe hacer pensar en un síndrome de Turner.
Es necesario palpar las clavículas para poder descartar una posi­ble fractura. Tórax. Además de la exploración cardiopulmonar de rutina pode­mos encontrar otros hallazgos, como una discreta ginecomastia con secreción láctea, debido al paso transplacentario de estrógenos ma­ternos.

Abdomen.  El cordón umbilical debe tener 2 arterias y 1 vena.  A nivel umbilical pueden aparecer otra serie de alteraciones como: persistencia del uraco y granuloma umbilical.

Al explorar el ombligo es preciso descartar la existencia de hemorragias o de signos de infección, ya que existe el riesgo de diseminación hematógena y afección hepática y peritoneal.  En la exploración tambien se pueden detectar defectos como: Hernia umbilical, en la que el epiplón o el intestino herniado esta recubierto por piel; la mayoría de las hernias umbilicales desaparecen espontáneamente durante el primer año de vida y no suelen requerir tratamiento quirúrgico.

Genitales. En las niñas deben valorarse la permeabilidad del himen.  No es extraño que tengan secreción vaginal mucosa, y a veces incluso una pequeña menstruación.

En los varones deben valorarse la presencia de los testículos en el escroto o de anomalías como hipospadias o epispadias.

Extremidades.  Es importante descartar la luxación congénita de cadera mediante las maniobras de Ortolani y Barlow.  La sospecha clínica se establece por la asimetría de los pliegues glúteos o la discrepancia de longitud entre ambos miembros inferiores.
 

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